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Psicoterapia para adultos

Durante la vida adulta, en teoría, las personas estamos laboral y afectivamente equilibradas. Atrás quedó la adolescencia con sus crisis, y se espera un futuro lleno de estabilidad e ilusión.

Sin embargo, también hay conflictos en la edad adulta, que pueden ser igual o más angustiosos que en otras etapas de la vida, pues nadie nos enseña cómo ser padres, cómo afrontar el duelo por un ser querido, o cómo separarse de una pareja.

La base de la psicoterapia es crear un espacio de confianza, libre de juicios, con la tranquilidad del riguroso secreto profesional, donde el psicoterapeuta, acompaña y ayuda al paciente, a identificar y hacer consciente la trama de pensamientos y emociones, que le mantienen en una situación de repetición. Se repiten situaciones, estados de ánimo, estrategias de afrontamiento ante los conflictos de la vida, que producen malestar continuado o intermitente.

Emprender una psicoterapia, nos ayuda a entender y comprender lo que estamos viviendo, los malestares o las crisis vitales que nos afectan, para así movilizar nuestros recursos para hacerles frente.

El objetivo de toda psicoterapia es, conseguir que la persona controle y decida sobre su propia vida, sin depender del psicoterapeuta. La vida de las personas que acuden a psicoterapia, está fuera de la consulta; por tanto, se trata de crear la seguridad e independencia, que permiten comprobar a las personas, que pueden enfrentar los problemas de la vida por sí mismos.

Hay situaciones, en las que la psicoterapia, es un impulso y apoyo eficaz. Algunas de las más frecuentes son:

  • Emociones que no conseguimos gestionar, y nos hacen sentir angustiados e incómodos: miedo, tristeza, vergüenza, etc.
  • Pensamientos negativos, recurrentes (no conseguimos que salgan de nuestra mente), obsesivos ó catastróficos.
  • Cuando sentimos que no podemos hacer nada solos, que la situación o situaciones, nos llevan a sentirnos desbordados, asfixiados, agobiados.
  • Sentimos un vacío vital, que no sabemos ni manejar ni controlar, y tenemos conductas peligrosas y/o perjudiciales, que se enquistan y agravan el problema, pero no lo solucionan.
  • Cuando no tenemos trabajo, o estamos desilusionados con el que tenemos. Nos sentimos acosados por compañeros o superiores y percibimos que estos problemas laborales nos inundan.
  • Ante la muerte de un ser querido. Notamos que el duelo se nos enmaraña, se vuelve difícil e intrincado, se aloja en nosotros y nos desborda en el día a día.
  • Si hemos tenido una ruptura difícil, traumática y/o complicada.
  • Sentimos carencias, que algo nos falta y se nos instala la insatisfacción, la queja, la rabia o el miedo.
  • Tenemos problemas para tomar decisiones, para relacionarnos.